Cuando comenzamos a adentrarnos en la literatura del este de Asia un nombre que siempre resuena es “Pachinko” como uno de esos libros que “tenés que leer” de la literatura Coreana.
Por medio de la excusa de un reto que se realiza en Instagram, organizado por Lecturas_Niponas, tocaba el turno de Corea, así que decidí dejar de tener este eterno pendiente entre mis libros por leer y le di su debido turno para que me cayera como si fuera una bomba de lo imponente que es.
Este libro nos relata la historia de cuatro generaciones de coreanos viviendo en Osaka, Japón, a partir de 1910, cuando durante la ocupación japonesa en Corea, eran muchos los coreanos que decidían emigrar en busca de oportunidades laborales o por estudio hacia Japón. La historia de Sunja, nuestra protagonista, es bastante trágica: ella emigra por necesidad, ya que quedó embarazada de un hombre casado, y siendo muy joven es casada con un pastor protestante que decide darle una familia; él es muy bondadoso, pero el mundo al que se dirigen no tiene piedad con los coreanos.
Es un relato que por momentos si uno tiene un conocimiento general de la época -y de la región- se puede esperar ciertas cosas, sin embargo es duro leerlo, y es duro leer como sin importar el paso de las décadas (el relato llega hasta 1989), algunas cosas no parecen cambiar, principalmente en el trato de la sociedad japonesa a los extranjeros asiáticos (en este caso puntualmente a los coreanos). Si bien a mi me gusta mucho el anime y eso me llevó a interesarme por la cultura japonesa, nunca me hice la ciega a las problemáticas que presenta esta sociedad, siempre tuve en claro esa barrera que imponen frente a los extranjeros en general al ser ellos una isla y sentirse aislados del resto del mundo, sintiéndose de alguna manera culturalmente mejores y superiores en algunos casos.
Obviamente no todos los japoneses piensan así, no todos son “malos”, de hecho se dice en el libro en más de una ocasión que sería ingenuo generalizar, lo cual resulta casi que irónico, porque constantemente estamos viendo qué los japoneses “malos” a los coreanos mismos se los está generalizando al tratarlos de vagos, aprovechados y delincuentes. Y no importa que tanto se esfuercen algunos, la imagen de la mayoría o de algunas manzanas podridas siempre aplacará a los demás.
Algo que me sorprendió mucho del relato, fue el narrador; pensemos que es un libro que cubre cuatro generaciones: los padres de Sunja, Sunja misma, sus hijos, y luego sus nietos. Uno podría pensar que cada uno tendría su voz, en cambio la autora optó por un narrador omnisciente ajeno al relato, una voz que nos pone en contexto en cada diálogo y situación, dándonos la perspectiva de que conoce su pasado, el presente de las intenciones y los pensamientos de los personajes, y el futuro. La verdad es que me pareció un gran acierto este narrador, porque estamos hablando de un espectro tan grande de décadas y de personajes que es necesario una mirada externa a los personajes.
No quiero que se desanimen al decirles que es un relato duro y que salgan corriendo, pero debo ser sincera: se me hizo tan difícil de leer, que los últimos "años" se me hicieron cuesta arriba, porque el mensaje es que pareciera que la sociedad nunca va a cambiar, y no importa que tan lejos llegues socioeconómicamente, siempre te van a mirar desde arriba.
Sinceramente creo que es un relato que vale la pena que se le de su debida oportunidad. Me da lástima haberme demorado tanto en leerlo, pero creo que lo importante es el mensaje que deja, el de cuestionarnos a nosotros mismos y a la sociedad en sí, en las limitaciones y el tipo de tratos que se les da los emigrantes, cuestionarnos ¿Cuándo se deja de ser emigrante? porque en el relato se nos demuestra que los nacidos en Japón pero de ascendencia coreana siguen siendo tratados como extranjeros legalmente, no se les da una ciudadanía y al mismo tiempo no tienen otro país al cual “volver” perdiendo ese sentimiento de arraigo de cuestionarse ¿Cuál es mi patria? Creo que para la mayoría de nosotros, desde países tan distantes, es algo muy difícil de comprender, pero que los migrantes pueden compartir.
Sin más que decirles, anímense a leer Pachinko, les mostrará una parte muy dura y cruel de la historia coreana y japonesa que hay que conocer.








