jueves, 1 de diciembre de 2016

Anne, la de Tejados Verdes – Libro



Con esta obra abrimos este espacio de reseñas de libros. Decidí comenzar con un clásico que leí recientemente, publicado originalmente en 1908 por la escritora canadiense Lucy Maud Montgomery.

Esta escritora es sumamente reconocida por la obra de Anne, que contando con 8 libros en total narra la vida completa del personaje, pero también escribió numerosas obras autoconclusivas de cuentos y poesía, y la menos conocida trilogía de “Emily”, que ella considerara algo así como una obra autobiográfica, aunque obviamente Anne también tiene mucho de la escritora.

La autora

“Anne, la de Tejados Verdes” es el primer tomo de la historia de Anne. Probablemente la conozcan por alguna de sus innumerables adaptaciones a televisión, teniendo incluso una adaptación al anime.

Esta obra nos introduce en un primer capítulo a través de una vecina chismosa que visita la granja de “Tejados Verdes”. El primer capítulo, si bien puede atraernos poco, no es más que la introducción la cual nos permite ver lo que se respira en la pequeña comunidad rural, donde está instalada la granja, que da el nombre al libro. El pueblo se llama “Avonlea”, y se encuentra (ficticiamente) en la “Isla del Príncipe Eduardo” al este de Canadá.

El aire sumamente conservador y moralista de la comunidad nos es trasmitida por Rachel, la vecina mequetrefe, que visita a los hermanos Marilla y Matthew Cuthbert, que por lo que deja entrever, son unos solterones ya algo viejos. Ellos precisan ayuda para cultivar en la granja, y una conocida les da una idea radical: Adoptar un niño huérfano del orfelinato de Nueva Escocia, para que ayude con las tareas diarias.

Pero cuando Matthew se dirige a la estación de tren se encuentra con algo que no se esperaba, si bien el niño tiene entre 11 y 12 años como ellos solicitaron, no es un varón, sino que es una señorita, flacucha, de ojos saltones, pecosa y con un alarmante y pecaminoso pelo rojo.

Aunque una característica resalta sobre todas las demás y nadie puede olvidar y es que: No para de hablar. Usando palabras rimbombantes y hablando continuamente del esplendor de la naturaleza que encuentra en la hermosa campiña de Avonlea. Matthew, que no habla mucho, se encuentra encantado con la dulce jovencita, pero cuando llegan a Tejados verdes, la estricta Marilla no estará tan encantada como él.

Primer encuentro con Matthew 
y hablaba por los codos.

Marilla desea devolverla, no fue lo que pidieron, por lo que toma a la niña y la lleva con quien hizo el “encargo”, la señora decide que puede entregársela a otra doña a la que nunca le viene mal un par de manos extras para las labores de la casa. La mujer es un monstruo, y el sentimiento de culpabilidad no le permite acceder a Marilla, quien decide finalmente quedarse con la niña, y poner recta a la soñadora empedernida de Anne Shirley.

Anne está encantada con un hogar rodeado de una naturaleza de ensueño, su imaginación le permite que todo sea aún más encantador con creaturas mágicas y un cuarto salido de un palacio, pero Marilla la traerá a la realidad y le enseñará las labores de la casa, la mandará a la escuela local y como corresponde en la época: a la iglesia.

Me resultó un libro devorable, comencé con un poco de desconfianza, esperando unos “padres” adoptivos terribles pero me encontré desde un arranque con gente buena que sólo  eran estrictos, y temía que el parloteo incesante de Anne terminara repeliéndome, pero me terminó pasando como a la gente del pueblo, fui cayendo ante su encantadora personalidad, disfrutando de su picardía, de sus aventuras, de su imaginación, y de sus mil y un errores generando tantos accidentes que le sirvieran de lección, a veces por habladurías de más o imaginaciones descontroladas.

El libro en si es disfrutable por el relato mordaz de la escritora, que agrada tomándole el pelo a sus propios personajes, y que nunca deja la sátira de lado poniendo a su protagonista o a los demás interventores en las más locas situaciones que pudiera pensarse para la época.

También es interesante meterse en el contexto de la obra y pensar en cómo a principios del 1900 las niñas podían ponerse metas educativas, aunque fuera solamente de convertirse en maestras pero se planteaba la idea de llegar a ser independientes y aspirar incluso a mayor nivel educativo. Por otro lado me sorprendió como podían jugar con la vida de un niño huérfano, cuando al comienzo plantean que simplemente si a uno no le gustaba lo podía “devolver al asilo” o entregárselo a alguna “alma caritativa” que requiriera de un empleado para las labores de la casa y no le quisiera pagar más que con un colchón y comida. Los prejuicios de la época que plantea la autora sobre los huérfanos me resultaron de lo más disparatados, no sé si ella quería plantear la mente cerrada de ese tipo de gente de campaña, o si simplemente venía como nota humorística, con los temores de que pudiera prenderles fuego la casa o alguna otra aberración similar.

Sobre el final me pasó algo que no me esperaba, ya que más que robarme sonrisas no había hecho, y es que llegó a conmoverme con cosas tiernas y buenas, pero también me emocionó con otras no tan tiernas y tampoco buenas. Y me dejó un vacío cuando al pasar la última página fue como un “¿terminó? ¿Ya está?” sentí como que me estaba despidiendo de una amiga a la que le tomé muchísimo cariño, precisaba seguir viendo como esa Anne que llegó con unos 11 años a la granja de Tejados Verdes ahora tiene unos 16 años, y está por perseguir nuevos rumbos y yo necesitaba ver cómo iba a seguir con su vida, qué iba a ser de ella, y mil preguntas se dispararon. Si me encuentro con otros libros de ella, que cubren el resto de su vida, no voy a dudar en llevármelos, más con esta hermosa reedición de “emecé” que encontramos con mi pareja en la “Feria del Libro”. Un libro que para mi gusto por más que esté marcado como para niños, no tiene edad, lo recomiendo para que se dejen enamorar por la chiquilla, y como dijo Mark Twain:

“La más dulce recreación de la niñez que se haya escrito”.