miércoles, 20 de diciembre de 2017

El Refugio de las palabras dormidas - Libro



Autora: Helena Modzelewski
Año: 2015
Páginas: 125
Autopublicación, con la edición de Susana Aliano Casales y apoyo del Ministerio de Desarrollo Social.

Reseña de Mauro




Este libro lo gané en un sorteo (y gracias a escribir un microcuento) del #ClubdeLectura.uy luego de que la editora fuera a presentar el trabajo de su editorial chica pero constante. Lo elegí para leer por ser corto, y no sabía absolutamente nada de lo que me esperaba.

Esta obra son las memorias y reflexiones que su autora, Helena Modzelewski, tiene de un taller de lectura-escritura que llevó adelante en un refugio diurno para madres y niños en situación de calle entre 2009 y 2010, concretamente con las madres que allí se alojaban. Por esto es que el libro recorre una gran cantidad de historias de vidas que tienen más o menos las mismas características: la pobreza, el abandono, la calle, el desamor y los hijos.
Ante esta situación, la autora, que también es profesora, llega para plantearles, a través de la lectura y la escritura, una reflexión sobre sus propias vidas, en un intento de comprenderse mejor y caminar hacia un cambio de vida. 
El libro se divide entonces en capítulos que llevan, casi siempre, el nombre de las distintas mujeres que allí habitan o trabajan. Esto es importante porque el libro encara las dificultades no solo de ser personas "en situación de calle", sino de las reflexiones sobre sus roles como "madre" y "mujer" que tienen esas mujeres.

“¿Quiénes son estas personas que no poseen más bienes materiales que la calle, que no han podido atenerse a una vida “normal”, que no han podido mantener un techo para sus hijos, vínculos familiares que las ayuden, alguien que las ame tanto como para encontrar impensable verlas en la calle? Y, sin embargo, escribe como yo escribiría, comparten como yo comparto y sienten como yo siento… Estoy perturbada” Página 17

El libro, debo decir, me pegó duro en el momento. En parte creo que por mis experiencias en la docencia (sobre todo en algunos centros) son algo similares y me puedo reconocer en las ganas de la autora, pero también porque el libro tiene algo a recalcar: no hay patetismo, no hay dramatismo snob o llantos constantes. Hay, sí, mucho dolor y mucho de sentirse interpelado.
Y es que aquí no se viene a plantear una historia cerrada o una peli hollywoodense donde todos terminen saliendo adelante. En eso es bastante real y, al ser en Montevideo, en mi país, pero con problemáticas similares en varios lados, uno puede reconocer que las personas son las que vemos a diario en la ciudad.

“A veces no me gusta ir al refugio. Hoy, por ejemplo, no parece ser un buen día. Voy un poco descorazonada. A veces me ocurre. Me siento indigna de mi casa, de los domingos en que mis hijos haraganean en sus camas, de mi perro. Por eso no les llevo cuentos para leer hoy. Quisiera que profundizaran en los proyectos que han escrito hace una semana” Página 45

Personalmente, me parece que el libro está bien escrito, es ágil, dramático sin ser patético, fuerte sin ser desagradable. Sin embargo, el final es muy abrupto (pero real) y uno queda con muchas dudas e interrogantes sobre la gente que, más allá de los sobrenombres, estaba en ese refugio.

La recomendación de esta obra es para aquellos que quieran conocer un poco más sobre la vida de la gente que no siempre puede escribir, pero que necesita contar cosas, y también para que podamos comprender mejor la realidad de aquellos desplazados por la ciudad que habitan.