Autora: Bridget Collins
Géneros: ROMANCE FORZADO, fantasía (así, con letra diminuta).
Año 2019
Páginas: 480
Sello editorial: Plaza Janés (Penguin Random House)
Advertencia: hay mucho Hate.
Hablemos de decepciones literarias: cuando a uno le llenan el ojo con una hermosa encuadernación, con un título atractivo, con una sugerente trama que parece ir de algo que realmente te atrae, pero cuando te adentras dentro de sus páginas eso solo es el inicio, y la trama decide rumbear para otro lado, doblar derrapando como en Tokyo Drift y terminamos en algo que está muy lejos de lo que nos trajo a esta obra en una primera instancia, uno se siente decepcionado.
El encuadernador se presenta como una historia en la cual nos encontramos con una realidad alterna, en una época que comienza a verse industrializada pero que todavía existen tecnologías antiguas en los campos... y muchas supersticiones en elementos que el común de la gente no termina de comprender.
Dentro de esos elementos que no se comprenden están los Encuadernadores, personas que toman tus recuerdos, una parte de tu vida y la plasman dentro de un libro. Los libros por tanto son elementos temidos, un tabú, algo que no se debe de tocar porque encierra a “alguien” y los Encuadernadores “son brujos”. Sin embargo, todas las personas que cargan con enormes penas o falta de dinero requieren a ellos, que a su vez, tiene distintas principios profesionales y morales.
En este contexto es que tenemos a Emmett Farmer, quien al comienzo de esta historia sabemos sufrió unas graves fiebres, que cada tanto aún lo atormentan y lo dejan muy débil. Él vive en el campo junto a su familia, y la única encuadernadora en la zona es una señora anciana que vive “en las marismas”, Seredith; ella lo solicita como su aprendiz, y él deberá aprender el oficio que le nace naturalmente, como el encuadernador nato que siempre fue y nunca lo supo.
En esta primera parte del libro se nos abrirán muchas puertas en la trama: tenemos el oficio del encuadernador y los misterios que lo encierran, en qué consiste, qué es lo que realmente toman de ti, qué pasaría si muchos libros fueran destruidos al mismo tiempo, por qué Seredith sufre de estrés post traumático y recuerda unas tales cruzadas que persiguieron a los encuadernadores como en una inquisición, y muchos otros comentarios que se hacen a la pasada y uno se queda pensando “seguro que más tarde la autora lo desarrolla”; uno se queda encandilado con el potencial de la historia pensando en todo lo que vendrá, en lo rico que puede llegar a ser esta trama donde el libro, un objeto que tanto amamos, es en este mundo un objeto temido, de venta ilegal, un tabú para muchos.
Lamentablemente la historia no se desarrolla por ese lado, sino que decide tomar un rumbo completamente diferente, al poco tiempo que nos introduce en la casa de Seredith y plantearnos todas estas preguntas, vamos notando que no tenemos respuestas, y que esas dudas pasan a ser aplastadas cuando la trama de un giro tan abrupto, que no sólo nos hace perder el ritmo, sino que comienza a volverse inconsistente, como si la autora al poco tiempo de plantear el setting no supiera a donde ir, o peor, rumbear para un lado de ventas, comercial, y qué vende hoy en día entre los jóvenes adultos: los tropes, friends to lovers o enemies to lovers; ¿y si lo hacemos LGTB+? Tenemos enemies to lovers con romance LTGB, la fórmula escogida.

Y no quiero que me crucifiquen: quienes me conocen sabrán que estoy a favor del romance LGTB+ en los libros, amo la diversidad en la construcción de personajes, yo misma me considero actualmente gris sexual (con los matices que trae caer bajo este término). Sin embargo me molesta cuando una historia no es hecha por amor, con unas ganas de visibilizar o de simplemente normalizar este tipo de personajes, me molesta, enormemente cuando se nota que el autor, o en este caso la autora, lo hace simplemente para apuntar a un público que está consumiendo este material, y que encima se c*gue en todo lo que escribió antes porque no sabe cómo desarrollarlo luego de todas las puertas y ventanas que abrió, y que sin un hilo conductor pase a tirar un manotazo de ahogado trayéndonos dos personajes que no se juntan "ni con moco", y resultando en un romance FORZADO que se torna el tema central del libro.
La autora con los personajes masculinos
El cambio en la historia es completamente brusco e inconsistente, cambia una y otra vez de ritmo y uno no termina de enganchar con la narración provocando que el lector se sienta desamparado e incómodo leyendo. A esto se le suman la cantidad de descripciones completamente inútiles para rellenar páginas junto con la repetición de elementos en el espacio (mencionar dos veces que está observando una taza no me aporta nada señora escritora), y si es un error de traducción sálvese quien pueda, solo lograron empeorar la narración. Y el final, por todos los dioses, ni siquiera supo terminar el libro, y acá les digo, uno de mis autores favoritos es Murakami, maestro de los finales abiertos, pero esto no tiene por donde agarrarse, es tan abrupto y mal logrado como toda la condenada trama de """El Encuadernador""".
Llegué a este libro con la promoción que le hizo la editorial. Leí como de costumbre reseñas de gente en la que confiaba antes de lanzarme; hice el esfuerzo de comprarlo para llevarme un chasco grande como una casa. No, no puedo recomendarlo, lo considero una ofensa para la comunidad LGBT que se quiera hacer dinero sólo porque hay gente que le gusta ver la representación de la comunidad en la literatura. No termino de entender a la gente que sí le gustó y lo calificó muy bien en goodreads, siendo que es un libro completamente incongruente y mal hecho. Que no los engañe la cara bonita de este libro como me engaño a mi, mi sugerencia, sigan de largo, no vale la pena.