lunes, 18 de septiembre de 2017

Aristóteles y Dante descubren los secretos del Universo


Autor: Benjamin Alire Sáenz
Año: 2012
Páginas: 326
Editorial: Planeta

Nos ubicamos en el verano de 1987, en El Paso, Texas. Aristóteles es un adolescente descendiente de mexicanos, su madre es una dulce maestra con la que se muestra siempre cómplice y su padre actualmente es un cartero que carga con sus fantasmas de la guerra de Vietnam, por lo que se encuentra siempre encerrado en sí mismo y apenas habla con los demás. Ari es como si fuera un hijo único, porque sus hermanas le llevan 12 años de diferencia están casadas y con hijos y actúan como otras mamás. De su hermano mayor no se habla, fue a prisión cuando él era un niño pequeño, y todos hacen de cuenta de que no existe.


Ari está enojado con la vida, por ese silencio sobre su hermano al que recuerda tan afectuosamente y ese padre que habla con monosílabos que no le dan explicaciones. Está enojado porque no se entiende a sí mismo, y por eso decide autocastigarse sin dejar entrar nadie a su vida, por lo que no tiene amigos.

“Tenía la sensación de que algo estaba mal conmigo. Supongo que era un misterio hasta para mí mismo. Eso apestaba. Tenía problemas serios.” Pág. 23


Pero algo lo va a ir cambiando de a poco, y es la aparición de un chico que con una sonrisa y mucha amabilidad se presenta ante él con una propuesta inocente: enseñarlo a nadar.

Dante va a lograr lo que nadie había logrado con el duro Ari: hacerlo reír y volverse su mejor y único amigo. Entre ellos surge una complicidad inigualable, siempre empujada por el optimista y dulce Dante. Él es el que va a dar un equilibrio a la narración entre el torbellino oscuro de emociones de Ari, poniendo los rayitos de luz y alegría que tanto Ari como nosotros necesitamos para sobrevivir al relato.

“Era divertido y centrado y feroz. (…) Y no tenía una gota de crueldad. Yo no entendía cómo podías vivir en un mundo cruel y que nada de esa crueldad se te pegara.” Pág. 25


Dante asimismo va a mostrarnos que él también tiene sus propios secretos;  es que se está auto-descubriendo y, aunque no lo demuestre, sufre mucho internamente por darse cuenta de que “le gusta besar chicos”, y para su sorpresa Ari no por eso se va a alejar de él, sino que simplemente va a seguir siendo su amigo.

El libro se sustenta con esta amistad y este viaje por descubrir los secretos del universo que son más bien sus sentimientos y los secretos que contienen ambas familias. A esto se suma una serie de eventos “fuertes” que sirven de detonantes para determinados sucesos que pasan a vivir sus protagonistas y para dar los cliffhangers, para nosotros los lectores, que vamos a querer saber qué pasa después.


Como verán, esta historia nos transporta por un mundo de emociones. Sé que a todos los que leyeron esta obra les llegó de maneras diferentes por culpa de las emociones de Ari. A algunos les resultó cansador (más que nada por la mitad), por su estado emocional más inestable e inseguro que demuestra en esa parte. Pero para mí todo fue un plus en este libro respecto a este personaje central, ya que se puede apreciar claramente toda su evolución y pude compenetrarme con él en su enojo, su inseguridad, su necesidad de comprensión de lo que lo rodea y de sí mismo, hasta que llega a una resolución al final del libro.

“Quizás ese era el tema conmigo. No era un chico de verdad. Era un fraude.” Pág. 34


Antes de terminar la reseña no puedo dejar de mencionar a sus padres, los de ambos, los cuales me sorprendieron favorablemente pensando en el lugar, la época y su herencia cultural, que fueran tan afectuosos y comprensivos con Dante y con Ari que pasaban por momentos de autodescubrimiento tan difíciles. Si nos ubicamos en la mentalidad machista y conservadora en 1987 mucho nos va a sorprender de la idea de que este tipo de padres apoyen a su hijo gay (algo curioso: creo que en todo el relato no se menciona esta palabra, por lo menos ahora no lo recuerdo), pero si, algún padre de estos debía de existir entre tanto sufrimiento que vivieron estas generaciones, es lindo ver esa perspectiva para variar.

“Algún día, todas las pistas tendrían sentido y resolvería el misterio de mi padre.” Pág. 42


Probablemente este libro no sea la octava maravilla del mundo, pero sin dudas fue un libro que me resultó maravilloso en la evolución de sus personajes, en todo el proceso de reflexión que debe hacer Ari, principalmente en cada pensamiento que se ve reflejado en su relato. Quizás esto mismo lo haga difícil de leer para algunos, probablemente todos quieran más a Dante que a Ari que nos conquista con su dulzura, pero así y todo, Ari me caló hondo, y sé que por uno u otro van a disfrutar igualmente con esta obra. Si quieren un libro de auto-conocimiento, de superación personal y amistad este hermoso libro los va a conquistar.

“Y todo era tan hermoso y abrumador –no sé-, que me hizo consciente de que había algo dentro de mí que importaba.” Pág. 46


Gracias a Zesu por prestarme el libro ❤